29 sept 2011

VISIONES DE LA CIUDAD: DEL URBANISMO DE CERDA A LAECOLOGIA URBANA
Salvador Rueda

El origen del urbanismo y sus instrumentos


Fue Idelfonso Cerdá el inventor a mitades del siglo XIX, del término urbanismo para
abordar una realidad con graves disfunciones y que requería para sus soluciones, un sentido
interdisciplinario y la imaginación suficiente para crear y usar los instrumentos técnicos,
económicos, legales y sociales que dieran soporte al nuevo concepto.


Así lo expresó en su obra magna (Cerdá I. 1867): "Colocado en la alternativa de inventar
una palabra o de dejar de escribir sobre una materia a medida que he ido profundizando en
su estudio, la he creído más útil a la humanidad, he preferido inventar y escribir, que
callarme, el uso de una palabra nueva no puede ser censurable siempre y cuando la
necesidad lo justifique, y lo abone a un fin laudable".

La nueva palabra no obstante, iba más allá de los condicionantes de vecindad de la vivienda
con el resto de las viviendas y sus ventajas e inconveniente, la calle con relación a los
edificios, etc. y que incluye en el análisis consideraciones de otras disciplinas aplicadas.
"... Y observé los muchos y complicados intereses que juegan y luchan y se combaten a
estos grandes palenques donde se concentran y bullen, todos los de una comarca, a veces de
una provincia y distrito, a veces de una Nación entera: y me convencí de la parte muy
principal, que no voluntaria, si no forzadamente forman en esas luchas los intereses
materiales, los morales, los administrativos, los políticos y los sociales y los de la salud
pública y del bienestar del individuo, que son casi siempre sacrificados a la prepotencia de
aquellos..."

En la nueva idea que trata de definir, soporta el concepto de sistema de manera más o
menos clara. ..."Lo primero que se me ocurrió, fue la necesidad de dar un nombre a ese
maremagnum de personas, de cosas, de intereses de todo género; de mil elementos
diversos, que sin embargo de funcionar, al parecer, cada cual a su manera de un modo
independiente, al observarlos detenida y filosóficamente, se nota que están en relaciones
constantes unos con otros, ejerciendo unos sobre otros una acción a veces muy directa, y
que por consiguiente vienen a formar una unidad.

El conjunto de todas estas cosas, sobre todo en su parte material se llama ciudad; más como
mi objeto no era expresar esa materialidad, sino más bien la manera y sistema que siguen
esos grupos al formarse, y como están organizados y funcionan después todos los
elementos que lo constituyen, es decir, que además de la materialidad debía expresar el
organismo, la vida si así cabe decirlo, que anima a la parte material; es claro y evidente, que
aquella palabra no podía convenirme".
Cuando se analizan otros aspectos de su obra, su idea de sistema es más cercana a un
sistema cerrado que a un sistema abierto. En los sistemas abiertos tan importante es el
conjunto de elementos que lo constituyen y sus interrelaciones, como el entorno que le
proporciona los recursos y asume sus residuos. En aquella época, donde los problemas
ecológicos aún no habían aflorado, es lógico que Cerdá no incorporara a su análisis la idea
de sistema abierto en toda su extensión, al menos tal como la entendemos hoy; no obstante
introduce aquellos aspectos externos que interesan para resolver las disfunciones y
problemas que tiene planteados, por ejemplo el sol juega un papel determinante en su obra
como agente de salubridad e higiene.

El origen del término lo busca en la palabra urbs romana que expresa todo aquello que
estuviera en el espacio circunscrito por el surco perimetral que los romanos abrían con los
bueyes sagrados: "... Con la apertura del surco urbanizaban el recinto y todo cuanto en él
se contuviese; es decir, que la abertura de este surco, era una verdadera urbanización; esto
es, el acto de convertir en urbs un campo abierto o libre.

He aquí las razones filológicas que me indujeron y decidieron a aportar la palabra
urbanización, no sólo para indicar cualquier acto que tienda a agrupar la edificación y a
regularizar su funcionamiento en el grupo ya formado, sino también el conjunto de
principios, doctrinas y reglas que deben aplicarse, para que la edificación y su
agrupamiento, lejos de comprimir, desvirtuar y corromper las facultades físicas, morales e
intelectuales de hombre social, sirvan para fomentar su desarrollo y vigor para acrecentar el
bienestar individual, cuya suma forma la felicidad pública."

Este es el origen del urbanismo, un nuevo concepto interdisciplinario que relaciona los
componentes físicos con la actividad humana que se desarrolla en un espacio teóricamente
cerrado. Esta visión de conjunto, no obstante, no ha sido hasta nuestros días, la regla
utilizada para la mayoría de los autores de realizaciones urbanas. Las soluciones que se han
dado han sido mediatizadas por visiones teológicas y fragmentadas, para intentar resolver
problemas concretos y parciales sin atender al marco que les da sentido, provocando, a
veces, disfunciones secundarias de una envergadura que difícilmente justificarían las
soluciones dada.

Una de las características que hacen actual la teoría de la urbanización de Cerdá es justo la
aportación de la visión de conjunto de la urbe con el fin de resolver los conflictos más
importantes de su época (la higiene, la movilidad, la trituración de lo que se ha construido,
la reducción de la injusticia, etc.), aportando a la vez, soluciones de conjunto y detalle a
problemas que se van arrastrando a lo largo de la historia de la urbanización, como son la
dialéctica privado y público, privacidad i sociabilidad, campo y ciudad, quietud y
movimiento, regularidad y variedad.
Esta actitud metodológica antepone los fenómenos axiológicos de la urbanización a la
proyección técnica, como él decía, y se enfrenta con la problemática de un modo integral:
analizando y profundizando en los aspectos políticos, económicos, sociales, higiénicos,
administrativos y jurídicos de la urbanización (Bassols, M. 1995).
La nueva concepción de ciudad y el nuevo enfoque metodológico que I. Cerdá imprime
para poderse aproximar a la realidad, le obliga a crear nuevos instrumentos para abordar
los conflictos a resolver.

Del conjunto de propuestas realizadas por Cerdá me interesa traer aquí un par de aspectos
que considero adecuados para sentar las bases de la reflexión. En primer lugar, que el
proyecto de la nueva ciudad de Barcelona creaba un paraguas, un marco para el conjunto de
profesionales que iban luego a intervenir. Su propuesta equivocada o no, tenía
intencionalidades claras, (también justificadas con el conocimiento de su tiempo) que
pretendían resolver los problemas de la Barcelona de mitades del siglo XIX; soluciones
para la higiene y la solubilidad, para la convivencia, para la movilidad, para el desarrollo
económico,... estaban incluidas en el modelo por él dibujado. En segundo lugar propone
una secuencia de los elementos urbanos, de algún modo jerárquico, definiendo primero la
estructura del conjunto, es decir la red, para ir descendiendo, después, al resto de
elementos. La secuencia que propone, siguiendo a Soria, A. (1980) es la siguiente:
1º Las redes como tales, ya que cada red viaria tiene ventajas e inconvenientes que es
preciso conocer por su decisiva influencia en el diseño de la ciudad y de su funcionamiento.
2º El tramo, es decir, las características de las calles entre intersecciones.
3º Los nudos i el cruce de vías. Los famosos chaflanes del Ensanche de Barcelona son fruto
de un análisis detallado sobre la continuidad del movimiento.
4º Los espacios delimitados por los tramos y nudos, que denominamos manzanas y que
Cerdá definió como intervías.
5º El edificio y los jardines que ocupan las intervías.

La base del diseño de la ciudad es, para el inventor del concepto de urbanismo, la red
viaria, por un lado, y las islas por el otro. Es en las intervías donde se da respuesta
integrada a la habitabilidad y la vialidad y ha de ser el módulo de crecimiento de la ciudad.

De la ciudad compacta de Cerdá a la ciudad difusa de hoy

Aunque no he hecho referencia explícita, ha de entenderse que el marco económico y el
político juegan un papel importante en el proceso de definición de la propuesta y sobre todo
en el proceso posterior de construcción del "Eixample". Sólo es necesario hacer un repaso a
la historia del proyecto para darse cuenta de los impedimentos y dificultades que en parte
pudo superar. En cualquier caso, la tozudez, aguante y voluntad (también su fortuna)
empleada por Cerdá para desarrollar el proyecto del Eixample según sus criterios científicotécnicos
es uno de los aspectos a destacar. La presión por el Ayuntamiento y ciertos
arquitectos ligados al mismo, los gremios agrícolas y sobre todo las ordenanzas que la
especulación ha impuesto a lo largo de estos 100 años de Eixample han impactado en el
proyecto inicial, subvirtiendo, en parte, algunos criterios de la propuesta, aunque si se
analiza con detalle, la mayoría de criterios se han desarrollado permitiendo reconocer y
admirar, aún hoy, la obra de Cerdá. Actualmente, el Eixample de Barcelona es un distrito
que detenta el mayor dinamismo del conjunto de tejidos urbanos de la ciudad. Es, además,
el tejido más complejo y poderoso del conjunto de núcleos urbanos de Cataluña. Yo
considero que la idea sistémica que informó el proyecto de Cerdá es el que proporciona esa
fuerza excepcional.

Desde que Ildefonso Cerdá estableció que los conflictos principales a resolver en la
planificación y construcción de la ciudad eran los relativos a la higiene y la salubridad, la
equidad y la reducción de la injusticia social, y los que hacen referencia a la movilidad, no
se vuelve a retomar la necesidad de planificar nuevas ciudades tendiendo a la resolución de
nuevos conflictos hasta la llegada de le Corbusier y el movimiento funcionalista.

Quizá es necesario destacar, entre tanto, la figura de E. Howard y el movimiento de la
ciudad jardín que pretendía aclarar el conflicto campo-ciudad de resultas de los distintos
impactos de contaminación atmosférica, de ruido y salubridad de la ciudad industrial. Se
trataba de promocionar la ilusión de vivir en el campo, viviendo en la ciudad. Después el
Plan regional de Geddes amplía la planificación territorial y regional y extiende la ciudad
jardín a periferias extensas, intentando, sin conseguirlo, preservar las áreas de suelo fértil de
uso agrícola.
Fueron los tratadistas alemanes, los introductores de la zonificación en la planificación
urbana en la segunda mitad del siglo XIX pero fue le Corbusier y el movimiento
funcionalista mediante los CIAM los que impulsaron con éxito el orden y la funcionalidad
como principios estructuradores de la ciudad moderna.

Critican el modelo de ciudad del siglo XIX por su escasez en zonas verdes y el alejamiento
de la naturaleza, la falta de equipamientos de ocio, la mezcla de usos y las funciones de la
calle corredor, etc. Frente a este modelo, se plantea una ciudad clasificada funcionalmente y
segregada socialmente: el centro de la ciudad reservada a los negocios y los servicios de la
Administración; la residencia obrera segregada, en medio de áreas verdes, a lo largo de
ciudades industriales lineales. El mismo Le Corbusier desarrolló ampliamente estos
aspectos en sus Tres Establecimientos Humanos. Se opta por la vivienda colectiva y se
planifica el espacio urbano atendiendo a las cuatro funciones básicas: hábitos, trabajar,
recrearse y circular.

Hay dos aspectos más que es necesario subrayar: en primer lugar, la aparición de un nuevo
ingenio: el automóvil, que se percibe como uno de los revulsivos de la nueva planificación
y que obliga a acomodar los nuevos proyectos a la nueva realidad. La movilidad universal
anunciada por I. Cerdá es de nuevo anunciada por Le Corbusier, que propone una
repetición sin fin de su estructura triangular de los Tres Establecimientos Humanos con la
construcción repetitiva de la 7v; en segundo término, es necesario señalar que la puesta en
práctica de las teorías racionalistas del movimiento moderno se acentúa con los grandes
movimientos migratorios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, que en nuestro país se
alarga hasta la década de los setenta. La principal preocupación de los profesionales
racionalistas era la producción masiva de viviendas y las condiciones en que era posible
hacerlo de modo ordenado y asequible a los grandes grupos sociales menos favorecidos
económicamente. Estas condiciones pasan por la producción masiva, la localización
periférica (en búsqueda de su suelo barato) y el soporte público (concesión de suelo,
financiación privilegiada y subvenciones, etc.). Se crean nuevas redes de carreteras y
desaparece la calle corredor, se implantan las autopistas y se adapta la ciudad a la
circulación.

El movimiento moderno conforma, sobretodo en los países de la Europa Occidental, el
verdadero marco teórico que encuadró el nuevo planeamiento e incluso la nueva legislación
sobre el suelo y la vivienda durante diversas décadas y, en la práctica, hasta el momento
actual.

La bonanza económica de los años cincuenta y sesenta, la gran industrialización de esta
etapa y el uso del automóvil y las infraestructuras de movilidad como estructuradoras del
territorio, junto con la zonificación funcional y la emigración en masa provocaron un
crecimiento acelerado de las metrópolis urbanas. En esta época, a parte de los problemas
sociales (segregación, seguridad) y estructurales (falta de infraestructuras urbanas y
equipamientos), se constata ya un aumento sustancial de recursos materiales, suelo y
energía, aunque era el principio de lo que había de venir, en España, a partir de los años 70.

La crisis del petróleo coincidió (hay quien postula que fue la excusa) con el inicio de la era
de la información y el extraordinario desarrollo del sector terciario y la internacionalización
de la economía. La modernización del sector industrial y la reestructuración o eliminación
de los sectores desfasados significó la caída de la plena ocupación y configuró unas bolsas
de paro, denominado estructural, de porcentajes elevados en relación al total de la
población activa. La división en la producción industrial ya no era definida por sectores
especializados sino por funciones, con influencia decisiva de la automatización y los
procesos de información.

       Figura 1. Evolución del paro en Europa

Desde entonces el paro, la lucha contra el paro, se convertirá en una de las variables guía de
todas las planificaciones posteriores, justificando el crecimiento de todos los ámbitos
(consumo de suelo, de materiales, de agua, de energía, etc.) en un intento de reducir los
porcentajes de paro. Pero el paro no decrece, los problemas que genera tampoco y la carrera
es a la desesperada, a ver quien corre más para continuar, al menos estando en el mismo
sitio.

La internacionalización de la economía va creando un mundo integral, donde las
dimensiones relativas se reducen día a día, y las ciudades compiten para atraer inversiones
o para mantener las existentes, y así conseguir la localización de redes empresariales, de
organizaciones internacionales, de acontecimientos deportivos o culturales de amplia
audiencia. Aparece la “ciudad empresarial” de Harvey, el objetivo de la cual es definir la
estrategia de crecimiento que tenga las máximas posibilidades de éxito de acuerdo con las
particularidades, de los recursos y las potencialidades locales (López de Lucio, R. 1993).
El modelo se basa en la lógica del crecimiento, el consumo y la acumulación, con
predominio de la producción y distribución a gran escala, intensiva en capital, poco
demandante de trabajo y causa de un elevado impacto ambiental (Fernández Duran, Vega
Pindado 1994).
La traducción del modelo económico en el terreno de los sistemas urbanos, se plasma en
una creciente importación a nuestro país del modelo de ciudad difusa, que ocupa regiones
cada vez mayores, con la intención de usar íntegramente el territorio. En este contexto no se
sabe dónde empieza la ciudad y donde acaba el campo, regiones enteras se configuran
como una unidad funcional, como un territorio global. La banana centroeuropea o la costa
oeste norteamericana son los ejemplos más extendidos y potentes.

Una red de movilidad que permita una distribución lo más isótropa posible del territorio se
configura como el elemento central de las recientes planificaciones territoriales en distintas
Comunidades Autónomas en España. La Comunidad de Madrid o la de Catalunya, son
ejemplos claros de Planificación Regional donde la red de movilidad se presenta como el
motor y la vanguardia de la transformación urbana del territorio. El resto de factores de
planificación vienen supeditados de algún modo a la red de movilidad por carretera.

El conjunto del suelo llano entre las poligonales dibujadas por la red de vías principales
será potencialmente usado como suelo urbano. Se trata de eliminar cualquier impedimento
sea del tipo que sea (legal, de infraestructuras, etc.) para poder incluir la inversión atraída
en el lugar que a ésta más le convenga.
El crecimiento económico permanente y el posicionamiento entre territorios para obtener
los recursos y las ventajas más favorables, con el paro como excusa, se configuran como
los criterios principales del modelo de desarrollo.

Todo entra en el negocio pues todo es factible de ser consumido o, mejor, despilfarrado; de
hecho el crecimiento únicamente puede funcionar aumentando los niveles de consumo y de
despilfarro. Los productos se han de consumir parcialmente y tirarlos de inmediato,
haciendo que la economía mejore cuando los productos duren poco. Es el principio que L.
Van Valen denominó de la reina Roja se trata de correr todo lo que se pueda para estar, al
final, en el mismo sitio (el paro estructural se mantiene, la eficiencia de recursos en relación
a la organización mantenida es muy reducida, etc.) se trata de competir sin tener en cuenta
ni la entropía que se genera ni el hecho que los recursos son finitos.

El modelo de ciudad difusa provoca una simplificación o perdida de estructura organizada
de los fragmentos de ciudad mediterránea, compacta y compleja, que se han hecho
lentamente de manera ininterrumpida y sin perturbaciones importantes, y que han ido
aumentando la diversidad de sus componentes a lo largo del tiempo. Su lógica perturba la
complejidad consolidada, simplifica el tejido urbano, substituyendo actividades y usos
diversos por otras actividades y usos homogeneizadores del territorio. En el centro se
despliega un conjunto de tiendas similares de artículos de regalo y de ropa, también de
oficinas que desplazan los espacios residenciales. La especulación del suelo y la
implantación de nuevos estilos de vida expulsan o impulsarán a los jóvenes, a la población
sin recursos y a la industria y otras actividades a suelos periféricos, que conforman
fragmentos de suelo suburbano con funciones precisas, homogéneas y poco complejas. El
nuevo sistema urbano se caracteriza porque simplifica las partes de que estaba compuesto
(no necesariamente el conjunto), entendiendo que los fragmentos de ciudad poco complejos
consumen más materiales y bienes de consumo, incluido suelo. El nuevo sistema urbano se
extiende por el territorio sin límites, a excepción de los que impone la orografía externa y
algunas reservas naturales que, al final, casi vienen a ser lo mismo.

En este marco, los usos y las funciones se separan en el territorio, obligando a los
ciudadanos a desplazarse con medios motorizados, sobre todo en vehículo privado, para
realizar cualquier actividad cotidiana: trabajo, estudio, compras, ocio, etc. El consumo
energético en la ciudad difusa se dispara y la movilidad es la causa principal. El consumo
de materiales y agua también aumentan significativamente; la importación del estilo de vida
americano de casa unifamiliar con piscina es demandante de más energía (casas expuestas a
los cuatro vientos), más materiales (el mantenimiento en una casa aislada es mayor) y más
agua, pues todo el mundo aspira a tener piscina y el jardín regado.

El consumo de suelo de la ciudad difusa es ingente, aunque no aumente la población. En las
grandes metrópolis españolas en 20 años (desde los 70 a los 90) se ha consumido más suelo
para usos urbanos que en los 2000 años anteriores. En la Región Metropolitana de
Barcelona se han consumido 26.000 ha entre los años 1972 y 1992; en el resto de la historia
anterior tan sólo se habían consumido 20.000 ha. Los Planes Generales de Urbanismo
Municipales han aprobado en estos últimos tiempos una ocupación futura de suelo (suelo
urbanizable) de 30.000 ha más. El suelo ocupado para usos urbanos es mayoritariamente
suelo llano y fértil.
La red de movilidad por carretera ha ido desplegando una araña en el conjunto del territorio
cada vez más tupida e imbricada, que ha supuesto una insularización de los sistemas
naturales cada vez mayor, lo que esta provocando una simplificación y degradación de su
estructura viva.

Por otra parte, la nueva ciudad, va segregando a la población que accede a una determinada
urbanización según su capacidad económica. Esta separación drástica de rentas (en otras
ciudades la separación se concreta también por razas, religión, etc.) en el territorio es
motivo, cada día más, de inseguridad y de actos de desobediencia civil. Ciudades como los
Angeles, Londres o los banlieu de las ciudades francesas, nos muestran el tipo de
problemas sociales que podemos esperar en un futuro en nuestras metrópolis.otros para
poder realizar sus actividades cotidianas) consiguiendo, a su vez, un aumento sustancial de
la velocidad.

La insostenibilidad del actual desarrollo

La información que va apareciendo en los medios de comunicación científico-técnicos pone
de relieve de modo reiterado, la irreversibilidad de determinados procesos que suponen un
creciente deterioro de los sistemas de la Tierra: la destrucción de ecosistemas, y de suelo
fértil, la extinción de especies, el agotamiento de determinados depósitos minerales, el
probable cambio climático por causas antrópicas, etc. son algunos ejemplos que ponen de
manifiesto la insostenibilidad del actual desarrollo. A la irreversibilidad de determinados
procesos vienen a unirse otras informaciones que denotan la idea de límite ya en los
recursos de la Tierra1, como en los sumideros. La atmósfera terrestre da muestras de
encontrarse en procesos de cambio y saturación para varios fenómenos cada vez más
conocidos: el anunciado cambio climático, la reducción de la capa de ozono estratosférico,
o también la reducción de la capacidad de oxidación de la atmósfera, etc. son fenómenos,
que ponen de manifiesto la reacción del entorno (organizándose de otro modo) ante la
información que el hombre le proyecta en forma de emisiones fruto de su actividad y del
actual desarrollo sostenido.

La idea de límite, o también, la denominada capacidad de carga, puede aplicarse a escalas
distintas, pasando desde el análisis de sistemas más o menos reducidos como una ciudad, en
relación a su entorno más o menos inmediato, (por ejemplo a escala regional), a sistemas
más amplios, como podría ser el conjunto de sistemas urbanos, en relación al sistema
atmosférico a escala planetaria. Tanto en uno como en otro caso, la idea de límite se acerca

1 por ejemplo la pesca que había de ser nuestra despensa del futuro esta hoy en una situación de
sobreexplotación en todos los mares y océanos de la Tierra, a excepción del Océano Índico; se pescan más de 100 millones de toneladas anuales cuando la FAO fija en 82 millones de toneladas la cantidad de pesca
máxima a capturar para no sobreexplotar los caladeros

a la idea de saturación, a la idea de que algo va a suceder sí sé continua con la tendencia
actual de transformación de los sistemas. El añadido de más azúcar a una disolución acaba
precipitando el soluto, generando una nueva organización molecular en el vaso azucarado;
de modo similar podríamos representar el probable cambio de organización en las
turbulencias atmosféricas (que son las que dan lugar a los fenómenos meteorológicos y
estos por reiteración estadística definen el clima de una región) si continuamos añadiendo
emisiones masivas de gases de efecto invernadero. Como en la disolución los mecanismos
que permiten mantener dentro de ciertos márgenes la organización atmosférica tal como la
conocemos pueden ver reducida su capacidad de absorción de nuevas emisiones. Los datos
publicados últimamente parece que así lo reflejan; las concentraciones de CO2 en la
actualidad son las más altas de las registradas en los últimos 160.000 años y van en
aumento. Todo parece indicar que la capacidad de los océanos2 por sedimentar el CO2
atmosférico, manteniendo en equilibrio determinadas concentraciones en la atmósfera, va
camino de la saturación.

El problema es que cuando yo cocino con combustibles fósiles emito gases de efecto
invernadero, cuando voy en coche también, cuando consumo un determinado producto este
lleva incorporada, en su ciclo de vida, una emisión de gases con efecto invernadero. Pero
como yo, todos, la ciudad entera se constituye toda ella como un sistema que contribuye,
con su metabolismo, a consumir materiales y energía y a emitir residuos, entre ellos
ingentes cantidades de gases de efecto invernadero.

Por poco que uno piense se da cuenta que el volumen de gases dependerá, entre otras cosas,
de los estilos de vida en el caso de los individuos y de los modelos de gestión en el caso de
las ciudades. Los modelos de ocupación de suelo y ordenación del territorio, los modelos de
movilidad, y los modelos que gestionan el agua, los materiales y la energía, explican en
buena medida el mayor o menor volumen de emisiones a la atmósfera de los gases con
efecto invernadero. Repensar los modelos citados en clave "atmosférica" puede permitir
una reducción drástica de las emisiones y con ello un "respiro" de los mecanismos de
regulación de dichos gases.

La presión que ejercemos sobre el conjunto de ecosistemas de la Tierra es cada vez mayor
haciendo que nuestro control sobre el entorno sea cada vez menor; nuestra capacidad de
anticipación ante fenómenos complejos procedentes del entorno (hemos puesto el ejemplo
del cambio climático pero podríamos poner otros) va disminuyendo a medida que el
impacto que ejercemos sobre él va en aumento.

Las soluciones adoptadas hasta ahora no parecen que puedan resolver los verdaderos
problemas, siendo en muchos casos, nuevas operaciones de maquillaje. Se cree, que sin
modificar el crecimiento económico actual, la solución de los problemas vendrá con un
aumento de la inversión y que ésta corregirá el deterioro ocasionado por el propio sistema
que la produce. Esta lógica que funciona en el mundo de los economistas y en el de los
políticos, es inviable en el mundo de la física. Como plantea Ehrlich el flujo circular de la
inversión que corregirá las disfunciones del sistema "es el simple diagrama de una máquina
de movimiento perpetuo, que no puede existir más que en la mente de los economistas"
(Ehrlich, P.R. 1989). Con esta lógica las mejoras pueden lograrse, es cierto, a escalas local
y regional, pero al final los sistemas de más allá se resistirán puesto que de ellos se
extraerán más recursos y a ellos irán a parar más residuos.

2 los océanos son los responsables primeros de mantener unas determinadas concentraciones de CO2 en la atmósfera, cobrando otros mecanismos, como la función fotosintética de las plantas, un papel secundario.

 La ecología urbana un nuevo marco para resolver los conflictos y disfunciones
actuales

Hasta que la explosión urbana no ha alcanzado una cierta dimensión no se ha hecho
evidente -la evidencia ha sido dramática en algunos casos- que los ecosistemas de los
cuales depende la ciudad tienen una capacidad de carga determinada. Los límites de
explotación de los sistemas no han sido fijados en cada caso, y el resultado ha sido un
agotamiento de los recursos y una desetructuración de los sistemas en algunos casos de
modo irreversible. La expansión poco a poco de la ciudad y la explotación sectorial de los
recursos no ayuda a comprender la dimensión global del impacto. La única manera de
abordar los conflictos derivados de la explotación excesiva de los sistemas es sabiendo
como funcionan de manera integrada, sabiendo, también, como funciona el ecosistema
urbano.

El urbanismo y la ordenación del territorio se quedan en las puertas cuando se trata de
abordar el funcionamiento de los sistemas; se limitan a indicar cuales son las funciones
previstas (tipologías funcionales de gran alcance) y la compatibilidad entre ellas.

Haciendo un repaso de las disfunciones y escenarios conflictivos creados por la ciudad es
evidente que el urbanismo no puede resolverlos. Su fondo epistemólogico y conceptual y
los instrumentos que configuran su disciplina son apropiados para resolver problemas
parciales, pero no los son para dar respuesta a problemas propios de la autoecología, que
son propios de los ecosistemas urbanos, es decir, de la ecología urbana.

Los problemas parciales son muy importantes, pero la inquietud y las preocupaciones
también son globales. Se trata de responder a la cuestión de la posible persistencia de
ciertos sistemas y principalmente sistemas en un estado de desarrollo progresivo. Si este
desarrollo consiste en un crecimiento exponencial (caso de la ciudad difusa), la respuesta
es, ciertamente negativa (Margalef, 1986).

La aptitud de la ecología para participar en la discusión de la sostenibilidad no es tan solo
porque los sistemas económicos y humanos forman parte de la biosfera y este es el tema de
estudio de la ecología. También viene del interés de la ecología por el análisis profundo de
los sistemas y concretamente, por sistemas cuyos componentes, por cierto, los más
importantes, son organismos (Margalef, 1986).

El hombre y sus ciudades son sistemas, considerados a su vez como subsistemas de
sistemas más amplios, que soportan sus estructuras en procesos de recurrencia inestables.

Las ciudades son ecosistemas interdependientes de otros sistemas que constituyen su
entorno, formando una "unidad" intima "ciudad-entorno".

El traspaso de información, materia y energía entre la ciudad y el entorno es la base que
mantiene y hace más compleja si cabe, la estructura organizada de la ciudad, pero en la
misma medida, el entorno se modificará fruto de esta relación (Rueda, S. 1995).

Figura 2. Flujos de materiales, energía e información en la unidad Sistema-Entorno

La adopción de pautas, normas y reglas jurídicas, económicas, organizativas y técnicas,
centradas en esta "unidad", la denominamos ecología urbana

El cambio de paradigma consiste en el reconocimiento de la naturaleza dotándola de
valores propios, que deje de ser lo otro, lo exterior, para convertirse, también, en el centro
mismo del pensamiento, donde la idea rectora sea el reconocimiento del conjunto complejo
de relaciones que se dan en los ecosistemas, situando al hombre como uno de sus aspectos
parciales.

El nuevo paradigma no quiere decir que deban olvidarse los conflictos, que en el orden
social, económico y político han sido resueltos o estén aún por resolver, en todo caso, los
derechos humanos habremos de resituarlos en el nuevo marco de referencia.

Los trazos básicos para la resolución de parte de los conflictos y disfunciones antes
mencionadas, en el marco de la ecología urbana podrían ser los siguientes:

En primer lugar se considera la ciudad como un ecosistema y en consecuencia, el
diagnostico necesario para el planteamiento y la intervención posteriores habrían de
acomodarse a los principios y reglas que dicta el funcionamiento del sistema urbano en la
busqueda intencionada de maximizar la entropía recuperada en forma de información (en
otros términos, significa hacer más eficiente el sistema urbano) y minimizar la entropía
proyectada al entorno, es decir, reducir la huella ecológica de la ciudad.

La ciudad compacta y diversa, en casi todas sus partes, es el modelo sistémico que mejor
interpreta el aprovechamiento de la entropía, en tanto que la traduce en organización de la
ciudad aumentando su complejidad, del mismo modo que permite reducir drásticamente la
entropía proyectada al entorno. Es el modelo que permite reducir mejor el consumo de
materiales, energía, tiempo y suelo, a la vez que proporciona los mecanismos de regulación
y control para conferir estabilidad al sistema (Rueda, S. 1995).

Cuando la unidad de estudio e intervención es el ecosistema urbano, la unidad puede ser el
conjunto de la ciudad o también partes de la ciudad previamente delimitadas. En cualquier
caso es necesario especificar los efectos de la intervención local en relación al sistema más
amplio.

Del mismo modo que una célula es importante para la vida de un organismo, las partes que
configuran la ciudad deberían ser tratadas con un cuidado extremo, tanto en su contenido,
por las relaciones que establecerá con el resto de variables, como formalmente, por la
proyección simbólica que tendrá sobre el inconsciente individual y colectivo. La lentitud en
los procesos de cambio es una garantía necesaria, aunque no suficiente, para conseguir
sistemas urbanos complejos.

Pero la ciudad como ecosistema necesita explotar otros sistemas para mantener y aumentar,
si cabe, su complejidad. Poner límite a la explotación de los sistemas, atendiendo a los
principios de funcionamiento de estos y permitiendo su sostenibilidad en el tiempo, se
revela como la estrategia óptima que configura la otra parte del modelo de ordenación del
territorio. Si una parte es la ciudad compacta y compleja, la otra parte la constituyen unos
sistemas naturales complejos y maduros y un conjunto de campos de cultivo, pastos y setos
conformando un mosaico diverso que proporciona los equilibrios necesarios entre
explotación y sucesión, para su conservación en el tiempo. El mosaico indicado es la
retícula que se ha manifestado sostenible durante siglos en la Europa templada

La Tierra es un sistema abierto en energía y prácticamente cerrada en materiales, ahora
bien, los sistemas que soporta son sistemas abiertos tanto en materiales como en energía.

Todos los organismos necesitan degradar energía y utilizar materiales para mantener su
vida y la de los sistemas que los mantienen. El único modo de evitar que esto nos conduzca
a un deterioro entrópico de la Tierra y nos proyecte equilibrios diferentes a los actuales, con
la incertidumbre que ello representa, pasa por ir articulando esta degradación energética y
la transformación de los materiales sobre el único flujo de energía renovable que se recibe,
el procedente del sol y sus derivados, manteniendo un reciclaje completo de los ciclos
materiales, tal como se encarga de demostrar continuamente el funcionamiento de la
biosfera.

En la biosfera, los organismos autótrofos utilizan la energía luminosa en energía química,
energía que será utilizada para el resto de organismos heterótrofos. De este modo, la
energía solar, prácticamente inagotable a escala humana, se deriva hacia las redes de la vida
y la creación de complejidad en los ecosistemas. A la vez, y soportado por la misma
energía, se pone en movimiento el ciclado de los materiales y los complejos procesos de
reciclaje, el cual permite la viabilidad en el tiempo de los ecosistemas. Al final la
degradación de la energía procedente del sol, que de todos modos se hubiera producido, no
supondrá un aumento de la entropía del entorno. Esta es la estrategia que utiliza la biosfera
para su sostenibilidad.

No parece muy razonable que el hombre y sus sistemas se alejen demasiado de esta
estrategia, sobre todo si tenemos en cuenta la falta de flexibilidad que hoy presentan
algunas variables del entorno global. La reducción en el consumo de recursos: suelo, agua.
materiales y energía; la minimización de los flujos residuales y la incorporación de la idea
de ciclo en los procesos de transformación de la materia y la energía, pueden permitirnos
una aproximación a la estrategia citada o, al menos, flexibilizar algunas de las variables que
hoy presentan una menor capacidad para el cambio.

La limitación de la explotación de los sistemas lejanos está justificada también, por la
necesidad de mantener la estabilidad de los ecosistemas urbanos perjudicados por una
explotación excesiva de su entorno cercano del cual dependen. La segunda fase de
transición demográfica en estos sistemas urbanos únicamente es posible si se permite que la
complejidad de sus ciudades aumente, si no se mantienen simplificaciones excesivas.

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